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San Sebastián es una de esas ciudades que nunca dejan de sorprender. Puedes visitarla año tras año y siempre te sorprenderá lo bella que es es. Pero, además de su belleza, la ciudad tiene muchas cosas que ofrecer. Y no hablamos solo de pintxos, hablamos, también, de arquitectura.

De sobra conocido es el espectacular Kursaal construido por Rafael Moneo en la ciudad donostiarra. Sin embargo, menos conocida es otra de las edificaciones del arquitecto en la ciudad y, sin duda, mucho más sorprendente. Estamos hablando de la Iglesia de Iesu.

© Pedro Pegenaute

© Pedro Pegenaute

Situada en el bario donostiarra de Riberas de Loyola, en la margen izquierda del río Urumea, es ya una visita obligada en la ciudad. Un templo de diseño vanguardista que destaca sobre todo por el minimalismo de sus líneas.

© Pedro Pegenaute

© Pedro Pegenaute

© Pedro Pegenaute

© Pedro Pegenaute

El templo tiene unos 900m2 de superficie y una altura que alcanza en algunas zonas los 28 metros, lo cual la acerca a sus “hermanas”, las catedrales que estamos acostumbrados a visitar. Y casi podríamos decir que es lo único en lo que se parecen, ya que hay importantes aspectos que hacen de ésta una iglesia diferente, como puede ser algo tan fundamental como la planta. En este caso encontramos una planta de cruz quebrada, asimétrica, con la que, en palabras del propio arquitecto, se pretende “reflejar las tensiones del mundo de hoy”.

Esta característica asimetría de la planta queda también reflejada en el techo, donde se han instalado diferentes vanos abiertos que permiten la entrada de luz. Ésta, reflejada en las paredes de estuco blanco, llena de luminosidad el templo.

© Pedro Pegenaute

© Pedro Pegenaute

La luminosidad natural se complementa con unas lámparas a baja altura, que dan un toque de cercanía en medio de tanta inmensidad.

Iglesia de MoneoLos símbolos religiosos, aunque presentes, son bastante escasos y, una vez más, destacan por su originalidad.

© Pedro Pegenaute

© Pedro Pegenaute

En el exterior, las campanas y una pequeña cruz en lo alto de la fachada constituyen símbolos austeros y ceden el protagonismo a una vidriera que, como casi todo es esta iglesia, guarda pocas similitudes con aquellas que estamos acostumbrados a ver.

© Pedro Pegenaute

© Pedro Pegenaute

Espectacular vidriera de alabastro

Espectacular vidriera de alabastro

Pero de todos estos detalles que hacen de esta una iglesia bien diferente, sin duda, el más sorprendente no se encuentra ni en los muros exteriores ni en el interior, sino en los bajos del templo. Y es que, en la fachada opuesta a la entrada de la Iglesia de Iesu encontramos un supermercado. Sí, el supermercado Amara.

Es cierto que no resta ni belleza ni protagonismo al edificio pero la sorpresa es inevitable. Quién sabe, a lo mejor es un “interesante” intento de las instituciones religiosas por acercarse un poco más al pueblo.

© Pedro Pegenaute

© Pedro Pegenaute

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